Haciendo caso de una de las sugerencias de nuestros lectores sobre hablar más de juegos/plataformas antiguas, me ha dado por tirar de la nostalgia y preparar una sección personal en la que hablaré, de vez en cuando, de las consolas, juegos o sagas que formaron parte de mi vida e influenciaron (y sobre todo impulsaron) mis preferencias o gusto por este medio de ocio que tanto amo. Así pues, os invito a que me acompañéis de vuelta a mi pasado y así aprovecháis para conocerme un poco más o recordar viejos tiempos.

Recuerdos sobre videojuegos en mi vida tengo muchos, ya que siempre ha sido, junto al coleccionismo y ocios variados de la cultura friki, mi hobby favorito. Pero no me queda más remedio que inaugurar esta sección de “Mi vida jugona” empezando por la primera máquina de la que tengo mis más tempranos recuerdos: Master System II, la consola de 8 bits de SEGA. A partir de aquí podéis deducir que no soy de los que de niños disfrutaron con máquinas más antiguas como una Atari 2600 u ordenadores Spectrum (a pesar de que en contadas ocasiones durante mi vida pude probarlas), pero sigo considerándome también de la “vieja escuela” en realidad.

Master System II

Si mi memoria no me falla, Master System II entró en nuestra casa como un regalo de cumpleaños de parte de un tío mío para mi hermano mayor (tres años mayor). Yo rondaba los tres/cuatro años de edad cuando empecé a jugar con ella en casa, pues fuera de la misma ya había jugado con máquinas Arcade y alguna que otra NES en hogares de familiares o conocidos. Recuerdo con cariño el diseño de la máquina, negro y con una ranura que se podía cerrar y abrir para meter aquellos cartuchos negros de pegatina normalmente granate a cuadros con el título del nombre (tenían un diseño simplísimo), y el ruido al encenderla con aquel interruptor horizontal que parecía una cápsula.. Lo que no recuerdo con tanto cariño era que los cartuchos estaban tan duros que costaba sacarlos de la máquina (yo era muy pequeño y tenía poca fuerza, por lo que solía sacarlos con los dientes y así quedaban algunas pegatinas, o mi pobre dentadura), y que los mandos no tenían botón de pausa: para parar el juego tenías que levantarte, acercarte a la consola y pulsar aquel botón redondo y grande que tenía a un lado. ¡Qué incómodo era tener que levantarse mil veces para poner menús de selección de armas en algunos juegos! Y luego nos decían que no hacíamos ejercicio si jugábamos con la consola…

Colores, ruidos machacantes, velocidad y cajas simplonas: eso es lo que más recuerdo de sus juegos. Los títulos que tenía Master System eran algo más potentes que los de su competidora directa, la NES de Nintendo, y eso se notaba en muchos de ellos, sobre todo las versiones de Sonic que tuvo la consola. Me fascinaba el hecho de que Master System II tuviera un juego en su memoria, al que dediqué cientos de horas solo o acompañado por mi hermano, y nunca pudimos acabar: Alex Kidd in Miracle World. Aquella característica me parecía cosa de magia.

Otra de nuestras aficiones era la de alquilar videojuegos fines de semana enteros, puesto que teníamos la suerte de vivir por aquel entonces justo encima de un videoclub, y gracias a él pudimos jugar juegos buenísimos (Astérix, Ecco the Dolphin, los tres juegos de la saga Illusion: Mickey Mouse, The Lucky Dime Caper Starring Donald Duck, Ninja Gaiden, Robocop VS The Terminator, Wonder Boy in Monster Land…). Sin embargo, en cuestión de alquileres los que más nos llevamos a casa fueron Sonic Spinball (nos encantaba pasar el tiempo jugando a hacer puntos), el shooter de naves Sagaia (el primer nivel del juego, el recorrido en el mundo de lava, se me quedó grabado “a fuego”) y el mitiquísimo Streets of Rage en su versión para 8 bits, con el que jugábamos juntos (no tenía modo 2 jugadores, pero nos pasábamos el mando) y pasábamos horas y horas. Aún recuerdo una mañana de sábado en la que nos pasamos el juego y fuimos súper felices.

Por supuesto tuvimos nuestros propios juegos, pero bastante pocos ya que por aquella época nos gustaba más jugar con juguetes o en la calle y le dábamos poca importancia a la consola en comparación con épocas posteriores. Aparte de Alex Kidd in Miracle World en la memoria de la consola, tuvimos juegos como The Simpsons: Bart Vs The Space Mutants (bastante complicado), Sonic the Hedgehog 2 (que era una versión diferente a la de MegaDrive, con una música genial) y otros dos títulos de los que prefiero hablar individualmente pues marcaron una parte importante en mi vida, que fueron Jurassic Park y Sonic the Hedgehog: Chaos.

En la época en la que salió la película Jurassic Park tenía unos cuatro o cinco años, y como era de esperar aquella película fue la que más me gustó en mi infancia (y hoy). Antes del estreno ya era un niño al que le encantaban los dinosaurios, por lo que esta película hizo que mi pasión se agrandase al máximo. En plena era del “hype” por los dinosaurios en 1993, donde mi habitación estaba cubierta de pósters de la película que regalaban con las patatas fritas, camisetas, libros, pegatinas, muñecos, llaveros y hasta zapatillas, lo que más ilusión me hizo fue recibir la llegada de mis padres de un viaje que hicieron a una Expo y se presentaron en casa con un ENORME peluche oficial de un Triceratops para mí y aquel cartucho del videojuego oficial de la película para nuestra consola. Os podéis imaginar que Jurassic Park fue el juego al que más horas dediqué en Master System II, el primer juego que me pasé yo solo entero (aquel pequeño infarto cuando llegué al jefe final, el enorme T-Rex) y del que me sabía completamente todos sus secretos y rincones. A día de hoy suelo tirar de vez en cuando de emulador en el móvil o el PC para jugarlo entero. Y a pesar de tener que levantarme cada medio minuto para pausar el juego (por el menú de cambiar de arma y usar botiquines) no me importaba, pues yo era feliz viendo los dinosaurios por la pantalla y aquellos niveles tan coloridos.

Si el anterior infló mi pasión por los dinosaurios, Sonic the Hedgehog: Chaos descubrió mi pasión por el personaje y juegos de Sonic. No es que no conociera a Sonic, ya que por la época era una mascota súper famosa que tenía hasta su propia serie de televisión, merchandising y juegos que ya había jugado, pero no me llamó la atención hasta el día en que una tía mía me regaló este juego por un cumpleaños. Aquel gesto significó mucho para mí, porque la consola era de mi hermano y los juegos que teníamos o se los regalaron a él o eran de los dos (como Jurassic Park), y aquel regalo de cumpleaños significó que ese cartucho era mío y fue el primer juego que tuve en mi vida de mi propiedad. Y por aquello también dediqué horas a jugar, además llegué a pasármelo e incluso con el paso de los años acabé dominándolo tanto que descubrí todos sus secretos. Hoy en día Sonic es uno de mis personajes fetiches y de mis sagas de juegos favoritas, a pesar de que muchos de sus juegos no han sabido hacer honor al personaje, y siempre me pareció una mascota más guay y divertida de lo que es Mario.

En definitiva, Master System II marcó mi infancia como jugón, y con esta máquina compartí auténticas alegrías y momentos felices con mi familia que no cambiaría por nada del mundo. Lástima que aquella consola terminase por romperse y que no pudiéramos volver a jugar con ella, pero gracias a los emuladores y a las tiendas de productos retro puedo ponerme hoy al día con esta vieja amiga que tantas horas de diversión nos dejó en aquel pequeño cuarto de estar de casa en aquella televisión destartalada de 14 pulgadas que destrozamos de tanto jugar, quitar y poner cables y encender y apagar. Ojalá pudiera volver atrás y poder revivir aquellos momentos. Fuimos tan felices con tan poco…

3 Comentarios

  1. jajajaja k grande! yo empece con el Spectrum pero también me llego el momento de la Master System II, de echo todavía la tengo y he jugado hace poco a ella. Incluso le envié una foto a fondons por whatsapp. Esa mañana me trajo muy buenos recuerdos.

    • ¡Qué suerte! Ojalá la mía hubiera seguido funcionando y los juegos no hubieran desaparecido de casa. Las consolas de antes duraban más: me juego el cuello a que una PS4 no funciona 25 años después.

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